Herpes zóster

El herpes zóster es una enfermedad causada por el mismo virus que provoca la varicela. Éste forma parte del grupo de los herpesvirus y es denominado virus varicela-zóster. Aquellas personas que tuvieron varicela de niños disponen de anticuerpos para el virus varicela-zóster. No obstante, podría suceder que la protección antivírica específica no sea del todo eficaz, de forma que el agente patógeno podría reproducir la enfermedad más tarde. En este caso se trataría prácticamente de una segunda varicela. Sin embargo, el virus no se manifiesta en esta ocasión mediante las erupciones cutáneas típicas de la varicela, sino que produce los síntomas limitados localmente del herpes zóster.

Síntomas

Erupción cutánea en forma de cinturón con vesículas rojas y pústulas, que normalmente se forma en el área de la cintura, el pecho, los hombros, el cuello y los brazos, casi siempre en un lado del cuerpo a lo largo de un nervio Escozor y dolor intenso

Curso de la enfermedad

Tras una fase de decaimiento, sensación general de estar enfermo y fiebre, de repente se forman en la piel numerosas manchas y pápulas rojas agrupadas en focos. Asimismo, el enfermo suele advertir un intenso dolor y escozor en la región de la erupción cutánea. Ésta se extiende en forma de cinturón desde la columna vertebral hasta la parte frontal del cuerpo, limitándose, por lo general, a un solo lado. El herpes zóster discurre con mayor frecuencia por las áreas de cuello, hombros y brazos y a la altura del tórax o de la región lumbar. En casos excepcionales puede llegar hasta la cara. La razón por la que esta erupción adopta estas curiosas formas reside en que el virus afecta a los denominados ganglios espinales. Estos ganglios son los centros reguladores nerviosos de la médula espinal y se encuentran a la altura de cada vértebra. Desde allí se encargan de transmitir los impulsos nerviosos que proceden del cerebro a los nervios conectados con la periferia del organismo. La típica erupción cutánea es la manifestación externa de la inflamación de los nervios causada por los virus zóster en un determinado segmento de la columna vertebral.

Contra la infección por el virus varicela-zóster, existen tanto una vacuna activa como una pasiva. El médico puede decidir cuándo resulta idóneo aplicar una vacunación preventiva como inmunización.

Opciones terapéuticas

El herpes zóster puede alargarse durante semanas y meses y mortificar al enfermo con intensos dolores nerviosos. Una vez curadas las erupciones por completo, muchas personas siguen padeciendo de la neuralgia en mayor o menor medida, mermando de esta forma su calidad de vida de forma considerable.
Por esta razón, debe tratarse la enfermedad lo antes posible. Existen sustancias eficaces que impiden la reproducción del virus zóster, como el aciclovir. El tratamiento consiste en la ingesta de comprimidos durante un periodo de 10 a 14 días. En algunos casos graves, el médico administra los medicamentos por vía intravenosa. Asimismo, puede prescribir calmantes durante un periodo limitado. Las altas dosis de vitamina B también se puede mejorar la neuralgia. La erupción cutánea se trata mediante preparados especiales que desecan, tienen un efecto antiséptico y se presentan en forma de polvos o tinturas para su aplicación tópica o mediante un pincel. Lo importante es mantener las zonas de la piel afectadas lo más secas y calientes posible, incluso una vez curada la afección, ya que de esta forma se evita en mayor medida la posibilidad de que permanezca durante mucho tiempo una neuralgia después de la enfermedad.

El virus varicela-zóster es contagioso y, por tanto, los enfermos de herpes zóster pueden transmitir la infección a otras personas. Los niños contagiados podrían enfermar de varicela si no han pasado todavía esta enfermedad infantil.

Debilitamiento del sistema inmunológico

Durante la fase aguda del herpes zóster el paciente requiere muchos cuidados, y es preferible que guarde cama. Pero también después es importante que evite esforzarse tanto a nivel físico como psicológico, de modo que el sistema inmunológico vuelva a fortalecerse.

Complicaciones

Raras veces se producen complicaciones. Éstas sólo afectan a personas que presentan unas defensas debilitadas como, por ejemplo, debido a enfermedades crónicas como el sida, cáncer o un trastorno avanzado del metabolismo como la diabetes mellitus. Entre las posibles complicaciones cabe citar la afección de los ojos (zóster oftálmico), la afección de órganos internos (ríñones, vejiga, cerebro, pulmones) o una extensión a todo el organismo (zóster generalizado). Estas formas patológicas representan una grave amenaza, y, en consecuencia, debe hospitalizarse de inmediato a los pacientes afectados, a los que se somete entonces a un tratamiento intensivo con medicamentos.
Una vez superado el herpes zóster, el riesgo de una nueva recaída es muy pequeño. Por lo general, a partir de entonces el organismo cuenta de por vida con una protección contra la infección por este virus.
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