Estímulos hormonales como desencadenantes de la piel grasa

Por lo general, la sensibilidad de estos receptores es hereditaria. La piel grasa suele ponerse de manifiesto antes de la pubertad, alrededor de los nueve años de edad, justo cuando se comienza a experimentar el cambio hormonal. La hormona sexual masculina activa de forma significativa la producción de grasa de las glándulas sebáceas. No obstante, la piel grasa no sólo afecta a los niños, el organismo femenino también sintetiza testosterona, entre otras hormonas, a partir de la pubertad. La producción de grasa debida a esta hormona es especialmente intensa durante la pubertad, aunque puede disminuir en cierta medida a lo largo de la vida, de forma paralela a una menor síntesis hormonal.

Podemos observar esto de forma especial en la frente, la nariz, la barbilla, el pecho, así como en los hombros y la espalda, dado que se concentran aquí la mayor parte de las glándulas sebáceas de la piel. En estas áreas los poros tienden a obstruirse, con lo que pueden formarse granos y comedones. Con la excesiva producción de grasa, los poros de la piel acaban ensanchándose, puesto que determinados ácidos grasos de los lípidos presentes en la piel propician la queratinización de la piel. De esta forma, las capas exteriores de la piel se endurecen, y los poros se agrandan. La piel grasa suele ser un problema de la juventud. A partir de los 30 años, si éste todavía persiste sólo se encuentra ya en la zona central de la cara. Su ventaja, no obstante, es que se conserva suave y sin arrugas durante mucho tiempo.

La piel grasa suele ser un tipo de piel resistente e insensible. Gracias a la película de grasa, cuenta con una protección eficaz frente a los agentes externos. Si se le prestan los cuidados adecuados, se conserva joven durante mucho tiempo, ya que es más difícil que se formen arrugas.

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