¿Qué es el acné?

El nombre médico completo para el acné es acné vulgar (acné vulgaris).
La palabra vulgaris en latín significa “común”, término que describe perfectamente una de las afecciones más frecuentes en todo el mundo. Con frecuencia se emplean otros nombres para describir el acné, por ejemplo: granos, lesiones, bultos, erupciones, puntos rojos, poros obstruidos, espinillas, puntos blancos y sarpullido. La mayoría de los que padecen acné se sienten totalmente solos en su sufrimiento y piensan que su caso es el peor. La realidad es que el acné es una afección muy común y a menudo crónica de los folículos pilosos que cubren la piel y de sus glándulas sebáceas asociadas. Aparece con mayor frecuencia en la cara, en especial en la zona llamada “Zona T” que incluye la frente, la nariz y la barbilla. También puede afectar al pecho, la espalda, los brazos y las nalgas. En ciertas partes del cuerpo, por ejemplo los labios, jamás aparecerá el acné debido a que no disponen de glándulas sebáceas.

Son diversos los factores que determinan quiénes desarrollarán acné, a qué edad aparecerá, con qué fuerza les afectará y, si finalmente, dejarán atrás la afección. En última instancia cualquiera de nosotros puede padecer acné, a cualquier edad, desde la infancia a la vejez. Es una afección de la piel que se presenta en todas las razas, grupos étnicos y en ambos sexos.
Algunos de los que, pasada la pubertad, se habían olvidado del acné, pueden despertarse un día, con 30 o 40 años y encontrarse uno, o varios granos. Sin embargo, lo más frecuente es que el acné aparezca en la pubertad, aunque pueda estar presente mucho tiempo después.

El acné puede consistir en un único grano o en muchas lesiones. Puede tener un color rojo, blanco, o incluso negro. Puede producir picor, resultar doloroso, o simplemente ser antiestético. Pueden padecer acné personas con la piel seca o grasa, aunque las personas con piel grasa son más propensas a ello. Los tipos de lesiones que pueden aparecer varían de una persona a otra, así como su duración, algunas duran días o semanas y otras meses. A veces dejan un importante enrojecimiento de la zona o incluso cicatrices.

En todos los tipos de acné, el primer paso en la progresión de la afección es una combinación de dos situaciones: un aumento de la secreción de sebo (grasa lubricante y protectora de la piel) por parte de las glándulas sebáceas y una descamación inadecuada de las células cutáneas que envuelven los folículos pilosos. La piel de la cara, el pecho, la espalda, los brazos presenta una gran densidad de glándulas sebáceas adheridas a los cientos de minúsculos vellos que salen a la superficie de la piel a través de los folículos, lo que comúnmente llamamos poros.

Cada folículo tiene adherida una glándula sebácea. Estas glándulas producen una sustancia aceitosa, llamada sebo, que pasa de la glándula sebácea, a través del folículo y termina en la superficie de la piel. A menudo también podemos encontrar en la base del folículo una bacteria llamada Propionibacteríum acnes (P. acnés). Esta bacteria crece y se desarrolla bajo ciertas condiciones, como son una concentración baja de oxígeno o su ausencia total. Es el principal culpable de la aparición de un cierto tipo de acné llamado acné inflamatorio.
La capa externa de células de la piel que envuelve el folículo normalmente se muda a intervalos regulares de entre 1 y 2 meses. La frecuencia específica de la muda depende de la zona del cuerpo en la que se halle el folículo. Los problemas aparecen si se bloquea la abertura del folículo, o si las células de la piel del recubrimiento se regeneran demasiado deprisa, o demasiado lentamente y no suben y abandonan el folículo adecuadamente.

La siguiente capa de células de la piel situadas por debajo no tiene sitio a dónde ir. Además, el suministro de oxígeno al folículo queda cortado, lo que permite que crezca y se desarrolle la bacteria P. acnes.
La sustancia producida por la glándula sebácea, llamada sebo, junto con las proteínas que forman las células de la piel constituyen un ambiente idóneo para que la P acnés crezca, prospere y produzca más P. acnes. Llegados a ese punto, el organismo reconoce que algo pasa y envía a su ejército de glóbulos blancos para evaluar la situación, atacar si fuera preciso y eliminar la infección, expulsando del lugar a los invasores “extraños”. Esto deja la piel enrojecida e hinchada y a menudo con escozor o dolorida. Si no se activa la bacteria P. acnés, el contenido del folículo se acumula y crece por debajo de la abertura bloqueada y crea una estructura abultada e hinchada en la superficie de la piel que puede ser blanca, si la abertura permanece bloqueada, o negra, si el contenido finalmente brota hacia la superficie y reacciona con el oxígeno. Estas lesiones se llaman puntos blancos y espinillas, respectivamente. Los lugares más comunes de aparición son la cara y la espalda.
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