¿Qué causa el acné?

En la actualidad tenemos muchos más datos sobre el acné de los que teníamos. Sabemos el aspecto que tiene. Conocemos varias formas de tratarlo y que puede ser un estado crónico bastante molesto que puede durar, intermitentemente, muchos años. Lo que aún no sabemos es la causa exacta del acné. Por este motivo, no conocemos todavía una cura real para éste. La línea actual de investigación apunta a que el acné es el resultado de varios, si no muchos, factores relacionados.

Cualesquiera que sean las causas del acné en términos de factores externos o internos, en definitiva es al final un estado de la piel con elementos bien definidos, tales como las células cutáneas, las glándulas sebáceas y los folículos (poros), junto con la bacteria P. acnes que vive en la base del poro.
En cualquier individuo, el acné puede ser un proceso generalizado que implica muchas zonas del cuerpo o un proceso muy localizado que afecta sólo a la nariz y la frente o el área alrededor de la boca. A veces puede producirse únicamente en la espalda, perdonando por completo el rostro. Incluso cuando se localiza únicamente en una zona relativamente pequeña del cuerpo, puede resultar persistente, cicatrizante y muy difícil de controlar.

Al observar la causa subyacente del acné, deben considerarse dos categorías generales: una es la naturaleza intrínseca de la persona, su configuración genética y hormonal, la sensibilidad de los folículos a hormonas concretas y el entorno local. La segunda categoría son las circunstancias intrínsecas. Esta es una categoría mucho más amplia y variada sobre la que tenemos más control. A su vez, puede dividirse en factores internos, tales como los fármacos, estrés, anticonceptivos, etc. y factores externos, o extrínsecos, tales como productos empleados sobre la piel, contaminación, etc.

Los estudios recientes han mostrado que algunos cambios que derivan en los tipos inflamatorios del acné se producen en un segundo plano, en una piel que, por otro lado, presenta un aspecto absolutamente normal. Esto significa que la causa subyacente del acné puede tratarse, incluso antes de que el acné resulte patente en la superficie de la piel. Esto conlleva un cambio revolucionario en cómo se recomiendan los tratamientos tópicos contra el acné. Anteriormente, la norma para muchos fármacos recetados consistía en una aplicación “puntual”, es decir como tratamiento sólo de los granos; sin embargo, en la actualidad la nueva recomendación cambia hacia un punto de vista en el que toda la zona debe ser tratada, incluso si la piel presenta un aspecto normal superficialmente, ya que el acné podría estar desarrollándose en las capas más profundas. Además, algunas áreas deben tratarse profilácticamente (como prevención) para evitar que el acné aparezca.

Los cambios hormonales relacionados con el embarazo o el comienzo o finalización del uso de píldoras anticonceptivas pueden mejorar el acné en algunas mujeres, pero causarlo o empeorarlo en personas propensas a sufrirlo, dependiendo del anticonceptivo oral usado. Nuestro cuerpo se encuentra en constante ajuste, tanto interno como externo, para compensar el organismo ante los cambios que se producen dentro y fuera del mismo. En el mundo que nos rodea, siempre ocurre algo.
Los cambios en los ciclos del sueño, los exámenes, las comidas, las relaciones personales y las experiencias, tanto buenas como malas, afectan a nuestros cuerpos a distintos niveles. Internamente esto significa que existen constantes cambios, pequeños, pero significativos en las diversas hormonas para tratar las alteraciones que afectan a nuestro estado de ánimo, el metabolismo y la piel.

Desde el exterior, los elementos que pueden hacer aparecer el acné, o empeorarlo, podrían ser desde ciertos productos que aplicamos en la piel, el uso de los dedos para pellizcarnos, los efectos de la contaminación, el viento, el sol y otros factores que pueden convertirse, con el tiempo, en acné o en irritación que puede parecemos acné.
Es la combinación de los factores internos y externos lo que desequilibra el estado natural de nuestra piel y puede agravar el acné. Por ejemplo, algunos de los productos que nos aplicamos en la piel se concentran alrededor de los poros, lo que significa que una concentración mayor del producto termina penetrando en dicha zona. A menudo esto puede desencadenar un proceso cutáneo en el cual la piel tiene exactamente el mismo aspecto que los tipos de acné inflamatorio, pero que realmente es una reacción irritante de la piel.

La tentación en estos casos es tratar dicho estado como si fuera acné, con lo que sólo conseguimos empeorar la situación. La lección que podemos aprender es que si el tratamiento al que se somete no funciona dentro de un periodo razonable de tiempo, digamos entre 2 y 4 semanas, es el momento de ver al dermatólogo y buscar consejo profesional al respecto. Para evitar dicha situación, es importante que anote todas las preguntas que tenga antes de visitar al médico y confeccione una lista de los productos que está empleando o ha empleado anteriormente. De esta forma pueden revisar juntos la lista y recibir consejos sobre cuáles debería usar y cuáles no.
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